De tabúes y amuletos

GÉNESIS

Cuando yo nací,
ya habían pasado los griegos
los hititas
los romanos
los impresionistas
el zar de todas las Rusias
Van Gogh
y Beethoven
la primera guerra mundial
el charlestón
los tranvías
y las casa públicas.

Cuando yo nací,
mi madre era muy joven
y mi padre,
enamoraba tardes cerealeras
allá,
bajo los cielos de provincia.

Cuando yo nací,
la luna era inviolable e inviolada.
Se hundía el hemisferio de los libros.
El mar resplandecía como siempre.

Pero al nacer
todo empezó de nuevo.

Se inventaron los juegos.
Las caricias.
Habité en las ágoras helenas.
En los suntuosos patios.
Profané  los museos elegidos.
Enumeré la vida con metáforas.
Recomencé el amor dichosamente.

Todo era antiguo y fresco
ante mis ojos.
Viejas sibilas me asistían
Y una fiel inocencia
me inventaba.

La tierra envejecía lentamente.
La piedad era imagen
del desprecio.
Y vecinal y memorioso el mundo,
se vestía de cálidas promesas.

Pero yo descendía de los fuegos.
De las llamas profundas.
Del velamen morado del ocaso.
De los vinos espesos y salvajes.

Así desnuda, torrencial, entera,
inauguré la luz.
Fundé los besos.
Asumí la pasión como un destino.
Desparramé el verano
y su alegría.

Crecí de tantos modos,
de tal forma,
que el verbo me eligió.
Me dio su pulpa.
Su continente azul.
Su isla ardiente.

Me encargó sus asuntos.
Sus historias.
Las gestiones del canto.
El pesado dolor de la palabra.
Su raíz de diamante.

Me persuadió de las excelsas furias.
Del hálito terrible de su magia.
De su poder candente.

Se apacentó en el sitio
de mi sangre.
Condecoró el asombro de mis días.

Y entre un estruendo de delirios rojos,
Fui llamada poeta entre los hombres.