Amar es como toda la luz todos los vinos

IV

Porque
me vistes
de hermosura,
porque
me regalas
el precioso calor
de tus manos,
porque
soy
la destinataria
de tu aguijón
salvaje
y perentorio,
porque me arrebatas
del tedio
y de la nada
y me creas y me recreas
a cada
instante,
te debo
mi
segundo nacimiento.
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IX
Estabas desnudo
y leías
un poema
que hablaba
de manzanas
y de peces.
Estabas desnudo
como la luz
del día 
y acariciabas
tu sexo
cándido
e impúdico.
Estabas desnudo
como desde el origen,
y mi mirada
te vistió de amor.

 

XVI

El amor
cae sobre mí
como el sol
en los campos de amapola.
La guerra nocturna
de los cuerpos.
La fiesta viva
entre las sábanas
de los antiguos oficiantes.
La noche está poblada
de dientes ávidos.
No alcanzan las manos
ni las lenguas.
Se ha roto
la compuerta del deseo.
Me hundo
en un mar
impetuosamente rojo.
Me incendio
por los cuatro costados.
Una alegría
dionisíca y salvaje
me traspasa.
Crecen
los ardientes veranos de la piel.
Las islas
húmedas y profundas.
Los desiertos calcinados.
El agua es un olvido.
Quizás nunca existió.
Sólo reconozco
esta sed
interminable.
Este fuego absoluto.
Esta furia tribal
que nos enlaza.