Enunciación del júbilo

MEDIODÍA VEGETAL

Regreso de la campiña.
Estuve en el naranjal.
Mordí las uvas maduras.
Me demoré en el trigal.

Toqué la tierra caliente.
Fui sauce en el saucedal.
Temblor de hierba en el viento.
Y aroma en el pastizal.

Palpé el follaje sonoro,
fragante y primaveral.
Que rojo estaba el manzano!
Que transparente el panal!

Regreso de la campiña
con mi pasión vegetal.
Bésame ahora las carnes,
dulces de pulpa frutal.

Y besa la boca tibia.
Y estruja mi delantal.
Y huéleme los cabellos,
entre espinillo y cereal.
Verás que florezco ardiente
bajo tu mano plural.
Nací para darme en savia.
Yo soy un árbol total!

MEMORIA ANTERIOR

Antes que yo supiera de las cosas.
Antes que mi nacieran las palabras.
Antes de descubrir mi propio cuerpo.
Antes de la conciencia y la mirada,
Yo venía hacia ti. Hacia ti iba.
Con mi clara pasión y ti alabanza.

Ah, la lengua ardorosa que te nombre
y anterior a las cosas te nombraba!
Ah, las manos profundas que te buscan
y anterior a los cuerpos te buscaban!
Ah, los días crecidos en la espera.
Y las noches insomnes, dilatadas!

Te confunden mis ojos si los miras,
por el trópico vivo en que se abrasan.
Y mi boca te duele como abismo.
Como abismo quemante que te arrastra.

Que yo puedo dar luz, como los astros.
Que yo puedo incendiar, como la llama.
Que yo puedo salvarte de las sombras.
Que yo puedo triunfar iluminada.
Porque vengo del páramo y la rosa.
Porque vengo absoluta. Inaugurada.
Con derroche frutal de primavera.
Con manojos de espigas. Con el agua.
Con antiguos jardines redivivos.
Con el canto inicial de la mañana,
para darte más vida con mi vida.
Para darte más cierta la esperanza.
Para ser la razón de tu contento.
Para ser el laurel de tu batalla.
Lo que dice tu labio cuando dices.
Lo que calla tu boca, cuando callas.

Que yo puedo dar luz, como los astros!
Que yo puedo incendiar, como la llama!

 

VII

Todos son mis iguales.

Y si no,
que lo diga la hormiga con quien hablo.

Y el perro que acaricio.

Y el niño que a las tardes
aparece a mi puerta.

Y si no, que lo digan
las minúsculas formas de la vida,
en las cuales me oculto.

Y las anchas maneras donde yo me agiganto.